Si aprendieras a valorar como quieres que te valoren, esta vida sería perfecta. Pero, como te conformas sabiendo que solo Dios lo es, no te esfuerzas por imitar su bondad y afecto hacia los demás. Exiges la excelencia; sin embargo, no ofreces ni lo bueno de ti mismo. Te vistes con una armadura, impidiendo asi el afecto, y quizás ahí esté tu falla.
Conociste mis defectos, no unicamente los de mi personalidad. Te abrí mi interior tal como las páginas llenas de sentimientos y de nuestros momentos, en el diario que lleva tu nombre. Ayer te di de comer en mis manos y ya hoy conoces mis secretos. Sin pretender que me regreses el cariño pues el mío rinde y sobra, solo te pido que seas justo contigo y así logres aprender a serlo con quien te aprecia.
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/ \ PЯiמcєss Đi
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